Diodo de Selenio de la Antigua Roma En 2018, investigadores analizaron fragmentos de cerámica romana de entre los siglos I y IV d.C. y descubrieron que contenían nanopartículas de selenio y silicio que exhiben propiedades semiconductoras —similares a las de un diodo moderno. Aunque los romanos no entendían la electrónica, es posible que, al añadir ciertos minerales al vidrio o la arcilla, hayan creado accidentalmente materiales con conductividad direccional. Esto no implica que tuvieran dispositivos electrónicos, pero sí sugiere que sus técnicas artesanales producían efectos físicos complejos sin saberlo. Por ejemplo, el famoso Cáliz de Licurgo (siglo IV) cambia de color con la luz gracias a nanopartículas de oro y plata. Estos hallazgos indican que la nanotecnología no es exclusiva del siglo XXI; los antiguos manipulaban materiales a escala atómica mediante procesos empíricos. Así, lo “tecnológico” en la antigüedad a veces era resultado de experimentación intuitiva, no de teoría formal.
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