Cibola y las Siete Ciudades de Oro (Estados Unidos/México) Tras la caída de Tenochtitlán, rumores corrieron entre los españoles de que al norte existían siete ciudades fundadas por obispos portugueses que escaparon de la invasión musulmana de la península ibérica, cada una más rica que la anterior. Estas ciudades, llamadas Cibola, Quivira y otras, se decía que tenían calles empedradas de oro y techos de turquesa. En 1539, Fray Marcos de Niza afirmó ver Cibola desde lejos, lo que llevó a Francisco Vázquez de Coronado a emprender una enorme expedición (1540–1542). Lo que encontró fueron los pueblos de los zuni en Nuevo México: adobe, no oro. La decepción fue monumental, pero la leyenda persistió. Hoy sabemos que los pueblos del suroeste estadounidense sí usaban turquesa en rituales, lo que pudo distorsionarse en relatos de riqueza. Las Siete Ciudades representan cómo el deseo colonial transformó culturas reales en fantasías de opulencia, marcando el inicio de la exploración del actual suroeste de EE.UU.
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