La Usurpadora

Las 10 telenovelas que ven abuelos, padres e hijos juntos del mundo

La Usurpadora La Usurpadora (1998), protagonizada por Gabriela Spanic en doble papel, es un fenómeno cultural que trasciende fronteras y generaciones. La historia de Paola y Paulina —gemelas separadas al nacer, una malvada y otra bondadosa— es pura esencia del melodrama latino, pero ejecutada con maestría. Su éxito radica en la claridad moral: el bien y el mal están bien definidos, lo que permite que niños, adultos y ancianos entiendan y disfruten la trama sin ambigüedades. Los abuelos celebran su estructura clásica; los padres la recuerdan por sus frases memorables (“¡Qué coincidencia tan grande!”); y los hijos la ven con ironía divertida o fascinación nostálgica. Además, su producción fue impecable para su época: vestuario, mansiones y viajes la hacen visualmente atractiva. Aunque exagerada, su corazón está en el lugar correcto: defiende la identidad, la maternidad y la verdad. En México, es común que familias enteras hagan maratones de esta telenovela en vacaciones, riendo y llorando juntos. Es entretenimiento puro, sí, pero también un ritual compartido que refuerza lazos afectivos.

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