Hannibal Lecter (The Silence of the Lambs) Hannibal Lecter, interpretado por Anthony Hopkins en El silencio de los inocentes (1991), es el ejemplo perfecto de un villano que opaca al héroe. Si bien Clarice Starling (Jodie Foster) es la protagonista, es Lecter —con sus modales aristocráticos, su inteligencia sobrehumana y su gusto por la carne humana— quien se roba cada escena. En México, su frase “Un buen chianti” y su máscara metálica se volvieron símbolos del terror sofisticado. Lo inquietante no es su violencia, sino su calma: habla de asesinatos como si fueran recetas culinarias. Hopkins ganó un Oscar con solo 16 minutos en pantalla, récord absoluto. Lecter trascendió la película: tuvo series, secuelas y spin-offs centrados en él, mientras Clarice quedó relegada. Su carisma radica en que no es un monstruo, sino un crítico del mundo: ve la hipocresía de la sociedad y la expone con elegancia sádica. Por eso, aunque sea un caníbal, muchos espectadores terminan admirándolo. En el imaginario global, Hannibal Lecter no es solo un villano: es una obra de arte del mal.
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