Los Moáis de Isla de Pascua, Chile Aunque los moáis son esculturas humanas, su entorno geológico es tan singular que merecen mención. Tallados en toba volcánica del cráter Rano Raraku, estos gigantes de piedra —algunos de más de 80 toneladas— emergen de una isla remota en medio del Pacífico. Lo extraño no es solo su existencia, sino cómo fueron transportados sin ruedas ni animales de carga. La geología local permitió tallarlos con precisión, pero también los expone a erosión salina y vientos extremos. Recientemente, se descubrió que muchos tienen cuerpos enterrados con tatuajes petroglíficos. Para los rapa nui, representan ancestros protectores; para científicos, un enigma logístico. La isla misma, formada por tres volcanes extintos, crea un paisaje lunar donde tierra, océano y roca dialogan en silencio ancestral. Hoy, el cambio climático amenaza su base costera, haciendo urgente su preservación. Estos gigantes no solo miran al mar: observan el futuro de la humanidad desde su pedestal de ceniza volcánica.
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