El Valle de la Luna, Chile Ubicado en el desierto de Atacama —el más árido del planeta—, el Valle de la Luna parece sacado de otro mundo. Sus formaciones, esculpidas por millones de años de viento, lluvia escasa y actividad tectónica, incluyen dunas, acantilados de sal y crestas afiladas que imitan la superficie lunar. El color cambia con la luz: al atardecer, las rocas se tiñen de dorado, naranja y púrpura. Extrañamente, contiene depósitos de yeso y cuarcita que brillan bajo la luna llena, de ahí su nombre. Aquí, la NASA probó trajes espaciales por su similitud con Marte. Aunque geológicamente explicable, el lugar emana una quietud sobrenatural: no hay vida vegetal ni animal visible, solo silencio absoluto. Los atacameños antiguos lo usaban para rituales funerarios, creyendo que era el umbral al inframundo. Hoy, turistas suben al mirador Tres Marías para ver el ocaso, pero muchos juran sentir una energía inexplicable. En este valle, la Tierra se olvida de sí misma y se convierte en cosmos.
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