El Templo de Abu Simbel (Egipto, ca. 1250 a.C.) Ordenado por Ramsés II, este templo tallado en la roca está alineado de modo que, dos veces al año (22 de febrero y 22 de octubre), los rayos del sol naciente iluminan el santuario interior, alcanzando las estatuas de Ramsés y Ra-Horakhty, pero dejando en sombra a Ptah, dios de la oscuridad. Originalmente coincidía con el cumpleaños y la coronación del faraón. Lo asombroso es la precisión arquitectónica: el sol debe atravesar 60 metros de corredor sin desviarse. Tras su reubicación en los años 60 por la presa de Asuán, el evento se desplazó un día, lo que demuestra cuán exacto era el diseño original. Este fenómeno no es casual: refleja un profundo conocimiento de la trayectoria solar anual. Abu Simbel fusiona poder político, religión y astronomía en un espectáculo cósmico. El enigma no es técnico, sino simbólico: cómo los egipcios convirtieron la luz solar en herramienta de legitimación divina, haciendo del faraón un eje entre cielo y tierra.
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