Angkor Wat y la Vía Láctea (Camboya, ca. 1150 d.C.) El templo más grande del mundo, construido por el rey Suryavarman II, no solo es un homenaje a Vishnu, sino una réplica terrestre del Monte Meru, el eje del universo hindú. Pero investigadores como Eleanor Mannikka descubrieron que su diseño también refleja el cielo: el templo central representa Sirio, los moats simbolizan la Vía Láctea, y su orientación marca el equinoccio de primavera. Además, su construcción involucra medidas basadas en el número 1.57 (π/2), vinculadas a ciclos astronómicos. Lo desconcertante es que Angkor Wat integra arquitectura, mitología y astronomía en una escala monumental. Durante el equinoccio, el sol sale exactamente sobre la torre central si se observa desde el extremo occidental. Este enigma revela que en el sudeste asiático, como en Egipto o Mesoamérica, el cielo era el modelo del orden terrenal. Angkor Wat no es solo templo: es un cosmos petrificado, donde cada piedra cuenta una historia celeste.
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