Lobo gris El lobo gris es el arquetipo de la caza cooperativa estratégica. En manadas de 5 a 12 individuos —usualmente una familia— planean emboscadas, persiguen presas durante kilómetros y asignan roles según las habilidades de cada miembro: algunos acosan, otros cortan rutas de escape, y los más fuertes rematan. Esta coordinación no es instintiva; se aprende desde cachorro mediante juego y observación. Los lobos comunican durante la cacería con aullidos, gruñidos y señales corporales sutiles, ajustando tácticas al terreno y al comportamiento de la presa —ciervos, alces o bisontes. Incluso usan el relieve a su favor, como conducir presas a zonas pantanosas donde se cansan más rápido. La caza grupal les permite abatir animales mucho más grandes que ellos, asegurando alimento para toda la manada. Pero más allá de la eficiencia, esta colaboración refuerza los lazos sociales: compartir la presa fortalece la cohesión y la jerarquía basada en confianza, no en dominancia. Sin esta estrategia colectiva, los lobos no podrían sobrevivir en ecosistemas exigentes como la tundra o los bosques boreales.
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