Perro Los perros no solo reconocen rostros humanos, sino que los procesan de forma similar a como lo hacen las personas: enfocándose en los ojos, la nariz y la boca como conjunto. Estudios con resonancia magnética muestran que su cerebro tiene una región especializada para rostros humanos. Pueden distinguir entre expresiones faciales —alegría, enojo, tristeza— e incluso asociarlas con experiencias pasadas. Un perro recuerda el rostro de su dueño tras meses de separación y responde con alegría inmediata. Además, son capaces de identificar a personas amigables frente a desconocidos hostiles, ajustando su comportamiento en consecuencia. Esta habilidad evolucionó durante miles de años de domesticación, donde la lectura de señales humanas fue clave para su supervivencia y vínculo emocional. Para un perro, tu rostro no es solo una imagen: es una fuente de seguridad, afecto y comunicación no verbal. Su lealtad se basa, en parte, en esa mirada que nunca olvida.
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