Pato mandarín El pato mandarín, famoso por su plumaje extravagante, también posee una capacidad sorprendente: puede reconocer rostros humanos individuales. En entornos semiurbanos de Asia y Europa, estos patos distinguen entre personas que los alimentan regularmente y aquellas que los ignoran o molestan. Ajustan su comportamiento: se acercan confiados a rostros conocidos y huyen de desconocidos. Esta habilidad visual se debe a su aguda percepción del color y el detalle, evolucionada para elegir parejas y detectar depredadores. Aunque no tienen un cerebro grande, su sistema visual es altamente eficiente. Lo más interesante es que transmiten esta información socialmente: si un pato reacciona con miedo a una persona, otros aprenden a evitarla. Esta memoria facial les permite sobrevivir en parques y lagos urbanos, donde la interacción humana es constante. Para el pato mandarín, un rostro amable significa comida segura; uno hostil, peligro inminente. Su elegancia no impide que sea un astuto lector de caras.
Agregar comentario + Votar ( 1 )...
Aún no hay comentarios