Orca Las orcas, especialmente las hembras, muestran comportamientos de duelo extraordinariamente elaborados. El caso más famoso es el de la orca J35, que en 2018 cargó el cuerpo de su cría muerta durante 17 días y más de 1,600 kilómetros en el Pacífico Noroeste. Otros miembros de su pod la acompañaron, turnándose para ayudarla a mantener el cuerpo a flote. Este acto no fue aislado: se han documentado decenas de casos similares en distintas poblaciones. Las orcas viven en grupos matrilineales extremadamente unidos, donde los lazos duran toda la vida. La muerte de un miembro, sobre todo una cría, desencadena una respuesta colectiva: disminución de vocalizaciones, cambios en los patrones de nado y vigilancia prolongada del cuerpo. Su longevidad (hasta 90 años), su cultura transmitida y su conciencia social sugieren que entienden la permanencia de la muerte. Para las orcas, perder a uno de los suyos no es solo una ausencia física; es una fractura en la identidad del clan, y su duelo es un testimonio de amor que navega más allá de la razón.
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