The Sopranos El final de The Sopranos es legendario por su osadía minimalista. En medio de una cena familiar en un restaurante, Tony Soprano mira hacia la puerta, escucha campanillas y… la pantalla se corta a negro. Silencio. Durante unos segundos, millones de espectadores creyeron que era un error técnico. Pero no: David Chase diseñó ese corte abrupto para reflejar la imprevisibilidad de la muerte y la paranoia constante del protagonista. ¿Murió? ¿Siguió viviendo bajo amenaza eterna? La ambigüedad fue intencional. En México, como en todo el mundo, el debate estalló: académicos, críticos y fans analizaron cada fotograma. Lo revolucionario no fue el qué, sino el cómo: demostró que una serie podía negarse a dar cierre tradicional y aún así dejar una huella imborrable. Años después, sigue siendo el ejemplo máximo de final abierto, provocador y artísticamente audaz. Más que una conclusión, es una experiencia que obliga al espectador a participar en el significado.
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