Elefante asiático El elefante asiático ha demostrado, en estudios controlados, la capacidad de reconocer su propio reflejo, una muestra clara de autoconciencia. En un experimento famoso realizado en el zoológico de Bronx, un elefante llamado Happy tocó repetidamente con su trompa una marca blanca pintada en su cabeza al verse en un espejo gigante, ignorando marcas invisibles de control. Este comportamiento confirma que entendía que la imagen era suya, no de otro elefante. Esta habilidad cognitiva está alineada con su inteligencia excepcional: poseen memoria prodigiosa, cooperan para resolver problemas, duelen por sus muertos y muestran empatía hacia miembros del grupo. Viven en matriarcados complejos donde el conocimiento social y emocional es vital para la supervivencia. Además, usan herramientas, como ramas para espantar moscas, y se comunican mediante infrasonidos que viajan kilómetros. Su cerebro, el más grande del reino animal (pesa hasta 5 kg), tiene una corteza rica en neuronas asociativos. El reconocimiento del espejo en elefantes refuerza la idea de que la autoconciencia evolucionó independientemente en especies con vidas sociales profundas y cerebros complejos. Para ellos, verse en el espejo no es curiosidad; es un acto de identidad en una especie que valora profundamente los lazos familiares y la memoria colectiva.
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