Gorila Aunque los gorilas han tenido resultados mixtos en la prueba del espejo, algunos individuos, especialmente en cautiverio y tras exposición prolongada a espejos, han demostrado comportamientos que sugieren auto-reconocimiento. El caso más famoso es el de Koko, la gorila que aprendió lenguaje de señas: usaba espejos para cepillarse los dientes, arreglarse el pelo e incluso hacer gestos faciales para practicar expresiones. Sin embargo, muchos gorilas en estado salvaje evitan el contacto visual directo —una señal de dominancia en su comunicación—, lo que podría explicar su rechazo inicial al espejo. Esto no significa falta de autoconciencia, sino una interpretación social diferente del reflejo. Los gorilas poseen una inteligencia emocional profunda: forman vínculos familiares duraderos, protegen a sus crías con devoción y muestran duelo ante la muerte. Tienen memoria excelente, usan herramientas simples y comprenden conceptos abstractos. Su cerebro, similar al humano en estructura, sustenta capacidades cognitivas avanzadas. Aunque su respuesta al espejo sea menos evidente que la de chimpancés u orangutanes, su comportamiento en otros contextos —empatía, enseñanza, juego simbólico— apunta a una conciencia del yo sofisticada. Así, el gorila representa un caso especial: su autoconciencia existe, pero se expresa con humildad, coherente con su naturaleza tranquila y reflexiva.
Agregar comentario + Votar ( 1 )...
Aún no hay comentarios