Hormiga cortadora de hojas Las hormigas cortadoras de hojas forman superorganismos con millones de individuos organizados en castas perfectamente especializadas: reinas, soldados, obreras mayores y menores, cada una con funciones específicas. No cultivan hojas directamente, sino que las usan como sustrato para cultivar hongos, su único alimento —una agricultura sostenible que practican desde hace 50 millones de años. Las obreras pequeñas cuidan el jardín fúngico; las medianas cortan y transportan hojas; las grandes defienden el nido con mandíbulas poderosas. La colonia funciona como un solo cuerpo: si una parte se daña, el resto responde coordinadamente. Comunican mediante feromonas complejas que regulan desde la ruta de forrajeo hasta la respuesta ante amenazas. Incluso “vacunan” su cultivo con bacterias que producen antibióticos contra plagas. No hay liderazgo central; todo emerge de interacciones simples. Esta sociedad sin egoísmo, basada en cooperación extrema y división del trabajo, logra eficiencia comparable a civilizaciones humanas. Para ellas, el individuo no existe: solo importa la colonia.
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