Cuervo común Aunque solitarios en apariencia, los cuervos tienen sociedades complejas basadas en redes sociales dinámicas y memoria a largo plazo. Reconocen individualmente a cientos de congéneres, recuerdan quién los engañó o ayudó, y ajustan su comportamiento en consecuencia. Forman parejas monógamas de por vida, pero también mantienen “amistades” con otros cuervos no emparentados, compartiendo alimento o defendiendo territorios. Durante la juventud, viven en bandadas donde aprenden habilidades sociales y sobreviven juntos. Usan llamadas específicas para alertar sobre depredadores —e incluso distinguen entre tipos de amenazas— y pueden engañar a otros escondiendo comida falsa si saben que los observan. Transmiten conocimientos: si un cuervo aprende a abrir una bolsa, otros lo imitan. Su inteligencia social les permite navegar alianzas, rivalidades y cooperación en entornos cambiantes. Más que una jerarquía, su sociedad es una red fluida de relaciones personales, memoria y estrategia —una complejidad que rivaliza con primates y cetáceos, pese a su pequeño tamaño.
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