Termita Las termitas construyen sociedades eusociales con millones de individuos organizados en castas: reproductores (rey y reina), soldados y obreras. La reina puede vivir décadas y poner miles de huevos diarios, mientras los soldados, con cabezas gigantes o mandíbulas en forma de pinza, defienden los túneles. Las obreras cuidan crías, cultivan hongos (en especies fungícolas) y mantienen el complejo sistema de ventilación del termitero —estructuras que pueden alcanzar 9 metros de altura y regular temperatura, humedad y CO₂ con precisión milimétrica. Todo esto sin planificación central: surge de interacciones simples mediadas por feromonas. Algunas colonias incluso “crían” áfidos para su miel o domesticaron hongos hace 30 millones de años. Su cooperación es total: los individuos son estériles y viven solo para servir a la colonia. Esta sociedad, basada en especialización extrema y comunicación química, crea ecosistemas enteros y transforma paisajes. Para las termitas, el yo no existe: solo existe el nosotros.
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