Pasear sin llevar el teléfono encima

Las 10 formas más efectivas de vivir con menos tecnología del mundo

Pasear sin llevar el teléfono encima Pasear sin llevar el teléfono encima es un acto de valentía en una sociedad que normaliza la hiperconectividad. Sin el dispositivo, uno se ve obligado a estar presente: observar el entorno, escuchar los sonidos urbanos o naturales, notar cambios en el clima, saludar a vecinos o simplemente caminar en silencio con uno mismo. En ciudades mexicanas como Oaxaca, San Miguel de Allende o incluso en parques de la CDMX, muchas personas han adoptado esta práctica los fines de semana o en pausas cortas. Al principio, puede surgir ansiedad por “estar incomunicado”, pero rápidamente da paso a una sensación de ligereza y libertad. Sin la tentación de fotografiar, grabar o revisar, la experiencia se vuelve íntegra, no mediada. Además, se reduce la dependencia psicológica del aparato como muleta contra el aburrimiento o la soledad. Caminar sin teléfono no es aislarse; es reconectar con el mundo real. Es recordar que no todo momento necesita ser documentado ni compartido. Este hábito simple restablece la relación entre cuerpo, mente y entorno, demostrando que a veces, lo más revolucionario es salir de casa… con las manos vacías.

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