Dormir una siesta durante el día Dormir una siesta durante el día es frecuentemente malinterpretado como pereza o falta de disciplina, especialmente en culturas que glorifican la productividad constante. Sin embargo, numerosos estudios científicos —incluyendo investigaciones de la NASA y universidades como Harvard— demuestran que una siesta de 10 a 30 minutos mejora la alerta, la memoria, el estado de ánimo y la capacidad de toma de decisiones. En países como España, Italia o México, la “siesta” forma parte de una tradición cultural arraigada que respeta los ritmos biológicos humanos: tras el almuerzo, el cuerpo experimenta un descenso natural en energía. Lejos de ser improductiva, esta pausa breve permite recuperar recursos cognitivos y evitar errores por fatiga. Incluso empresas innovadoras como Google o Apple han incorporado “salas de siestas” para potenciar el rendimiento. El error no está en dormir, sino en confundir movimiento con progreso. Una siesta bien ejecutada no interrumpe el día; lo optimiza. La clave está en su duración: si supera los 45 minutos, puede causar inercia del sueño. Pero hecha con intención, es una herramienta poderosa de autocuidado y eficiencia mental disfrazada de descanso.
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