Repetir rutinas aparentemente innecesarias Repetir rutinas aparentemente innecesarias —como organizar el escritorio cada mañana, usar la misma taza de café o seguir un orden fijo al vestirse— suele interpretarse como rigidez o falta de espontaneidad. Sin embargo, figuras altamente creativas y productivas, desde Einstein hasta Simone de Beauvoir, usaban estas “micro-rutinas” intencionalmente. La ciencia explica por qué: al automatizar decisiones triviales, se preserva la energía mental para tareas que requieren verdadera atención y juicio. Este fenómeno, conocido como “fatiga de decisión”, muestra que cada elección —por mínima— consume recursos cognitivos. En México, muchos artistas, escritores y emprendedores adoptan rituales diarios no por superstición, sino por eficiencia cerebral. Estas repeticiones crean una estructura invisible que libera la mente del caos, permitiendo mayor enfoque en lo esencial. Además, brindan una sensación de control y estabilidad en tiempos inciertos. Lejos de limitar la creatividad, las rutinas sencillas la protegen. Lo que parece monotonía es, en realidad, una estrategia sofisticada para conservar la capacidad de asombro y acción donde realmente importa.
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