Tener hobbies aparentemente inútiles Tener hobbies aparentemente inútiles —como coleccionar sellos, cultivar bonsáis, tocar un instrumento sin pretensiones o armar rompecabezas— suele malinterpretarse como una pérdida de tiempo en una era obsesionada con la utilidad inmediata. Sin embargo, estos pasatiempos cumplen funciones psicológicas vitales: ofrecen flujo (ese estado de inmersión total), restauran la energía mental agotada por el trabajo analítico y fomentan la paciencia y la atención plena. En Japón, prácticas como el “ikebana” o el “kintsugi” celebran lo aparentemente inútil como vía hacia la sabiduría. En México, muchos profesionales exitosos dedican horas a actividades sin retorno económico visible, precisamente porque equilibran la racionalidad laboral con la creatividad lúdica. Estos hobbies no buscan resultados; buscan presencia. Y en esa presencia, surge la renovación. Lejos de ser triviales, son actos de resistencia contra la mercantilización del tiempo. Son recordatorios silenciosos de que no todo lo valioso debe producir ganancias; basta con producir alegría, calma o belleza momentánea.
Agregar comentario + Votar ( 1 )...
Aún no hay comentarios