Comer juntos al menos una vez al día Comer juntos al menos una vez al día es una rutina familiar universal que trasciende culturas, clases y épocas. En México, como en Japón, Italia o Senegal, la mesa compartida no solo nutre el cuerpo, sino también el alma colectiva. Durante esas comidas, se intercambian no solo alimentos, sino emociones, noticias, risas y consejos. Estudios demuestran que los niños que comen regularmente con su familia tienen mejor rendimiento académico, menor riesgo de ansiedad y hábitos alimenticios más saludables. En un mundo donde el tiempo parece escasear, muchas familias mexicanas aún defienden el almuerzo dominical o la cena sin pantallas como espacio sagrado de conexión. No se trata de platos elaborados, sino de presencia: mirarse, escucharse, esperar a que todos estén sentados. Esa pausa diaria envía un mensaje claro: “importas, estamos juntos”. Aunque la vida moderna fragmente los horarios, quienes preservan esta rutina saben que la verdadera riqueza familiar se teje entre cucharadas y conversaciones espontáneas. Es en la mesa donde se forjan memorias que duran toda la vida.
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