Cantar o escuchar música juntos regularmente

Las 10 rutinas familiares compartidas en distintas culturas del mundo

Cantar o escuchar música juntos regularmente Cantar o escuchar música juntos regularmente es una rutina que une generaciones y emociones sin necesidad de palabras complejas. En México, desde rancheras en reuniones familiares hasta villancicos en diciembre o simplemente poner un disco de José José mientras se lava la loza, la música es tejido cotidiano. En otras culturas, como en Georgia (el país) con sus polifonías o en Ghana con tambores comunitarios, ocurre lo mismo: la melodía compartida crea cohesión. Cantar en familia —aunque sea desafinado— libera oxitocina, reduce el estrés y fortalece la identidad grupal. Los niños desarrollan sensibilidad auditiva y confianza al expresarse. Incluso escuchar una canción significativa en silencio puede evocar memorias colectivas: “esta era la favorita de papá”, “la bailamos en tu boda”. En un mundo de audífonos individuales, elegir música compartida es recuperar la resonancia emocional del hogar. No se necesita talento; basta con abrir la garganta o el corazón. Porque cuando una familia canta junta, aunque sea en voz baja, está diciendo sin palabras: “somos uno”.

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