Escribir una nota amable a alguien Escribir una nota amable a alguien —una tarjeta, un mensaje en papel o incluso un post-it— es un gesto íntimo que multiplica la felicidad tanto de quien escribe como de quien recibe. En un mundo de mensajes efímeros y emojis genéricos, una palabra escrita a mano transmite cuidado, tiempo y presencia. En México, esta tradición persiste en cartas familiares, dedicatorias en libros o simples “gracias” dejados en la oficina. El acto de escribir obliga a detenerse, reflexionar y elegir palabras con intención: “Gracias por tu apoyo”, “Me encantó tu risa ayer”, “Estoy orgulloso de ti”. Esa pausa ya es terapéutica; al enfocarse en el bien de otro, se reduce la rumiación mental. Para el destinatario, recibir algo tangible —que puede guardarse, releerse o colgarse— tiene un impacto emocional duradero. Estudios muestran que expresar aprecio fortalece vínculos y genera un círculo virtuoso de generosidad. No se necesita ser poeta; basta con ser sincero. Y aunque la nota sea breve, su eco puede durar años. En una era de ruido digital, la amabilidad escrita es un faro silencioso de humanidad. Y cada faro encendido ilumina dos corazones a la vez.
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