Leer un libro físico Leer un libro físico antes de dormir es un hábito profundamente arraigado en muchas culturas como puerta de entrada a la tranquilidad nocturna. A diferencia de las pantallas, que emiten luz azul y estimulan el cerebro, el papel no interfiere con la producción de melatonina, la hormona del sueño. Sumergirse en una novela, poesía o incluso ensayos ligeros permite desviar la atención de las preocupaciones diarias y activar la imaginación de forma suave. En países como Francia, Reino Unido o Argentina, es común tener una “hora de lectura” fija antes de apagar la luz. Lo recomendable es elegir textos que no sean demasiado intensos o estimulantes—evitar thrillers o noticias—y limitar la sesión a 20-30 minutos. Muchas personas usan lámparas tenues con luz cálida para crear un ambiente acogedor. Este ritual no solo mejora la calidad del sueño, sino que también fortalece la concentración y reduce los niveles de cortisol. Para quienes viven en entornos ruidosos o estresantes, leer se convierte en un refugio silencioso, una transición suave entre el caos del día y la paz de la noche.
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